Acusación de genocidio contra el Partido Socialista
Acusación contra el Partido Socialista Obrero Español y la Unión General de Trabajadores por asociación e instigación para cometer genocidio, al crear, organizar y dirigir el Comité Nacional Revolucionario iniciador de la Guerra Civil española y del genocidio de religiosos de la Iglesia católica.
Según
la Convención para la Prevención y la Sanción del Delito de Genocidio. Asamblea
General, resolución 260 A (III), de 9 de diciembre de 1948, en vigor desde el
12 de enero de 1951 y ratificado por España, Boletín Oficial del Estado nº. 34 de 8 de febrero de 1969:
Artículo
I. Las Partes contratantes confirman que el genocidio, ya sea cometido en
tiempo de paz o en tiempo de guerra, es un delito de derecho internacional que
ellas se comprometen a prevenir y a sancionar.
Artículo
II. En la presente Convención, se entiende por genocidio cualquiera de los
actos mencionados a continuación, perpetrados con la intención de destruir,
total o parcialmente, aun grupo nacional, étnico, racial o religioso como tal:
a)
Matanza de miembros del grupo.
Artículo
III. Serán castigados los actos siguientes:
a)
El genocidio.
b)
La asociación para cometer genocidio.
c)
La instigación directa y pública a cometer genocidio.
Quienes
reclaman verdad, justicia y reparación -que no mentira, rencor revanchista y
pasta- comiencen por el principio.
El Mundo, 1 de febrero de
2012. Auto
del juez Baltasar Garzón Real de 16 de octubre de 2008:
"El alzamiento o insurrección
armada que se materializó el 4 de octubre de 1934 [el Auto pone 18 de julio de
1936] fue una decisión perfectamente planeada y dirigida a acabar con la forma
de gobierno de España en ese momento, atacando y ordenando la detención e
incluso la eliminación física de personas que ostentaban responsabilidades en
los altos organismos de la Nación y ello como medio o al menos como paso
indispensable para desarrollar y ejecutar las decisiones previamente adoptadas
sobre la detención, tortura, desaparición forzada y eliminación física de miles
de personas por motivos políticos, ideológicos" y religiosos.
Pruebas:
1ª.
El 9 de noviembre de 1933, el líder socialista Francisco Largo Caballero afirmó
públicamente: “Estamos en plena guerra civil. No nos ceguemos. Lo que pasa es que
esta guerra no ha tomado aún los caracteres cruentos que, por fortuna o
desgracia, tendrá inexorablemente que tomar”: Francisco Largo Caballero. Discurso a los trabajadores. Madrid, (marzo)
1934, p. 121. (El chantaje de la izquierda. Las falsedades de la Guerra Civil
española. Madrid, 2004, p. 13).
2ª.
El 20 de diciembre de 1933, el destacado líder socialista Indalencio Prieto
Tuero, como portavoz de su partido, proclama en el Congreso de los Diputados:
“Decimos, Sr. Lerroux y Sres. Diputados, desde aquí, al país entero, que
públicamente contrae el partido socialista el compromiso de desencadenar, en
ese caso, la revolución”: Diario de
Sesiones de Cortes. Congreso de los Diputados, 20 de diciembre de 1933, p. 25.
(p. 14)
3ª.
El máximo líder y responsable del Partido Socialista, Francisco Largo Caballero
escribe el 27 de enero de 1934: “La suerte está echada. El Partido y la Unión
General ya están de acuerdo para organizar un movimiento revolucionario con un
programa concreto al objeto de salir al frente de los manejos reaccionarios.
Ahora lo que hace falta es intensificar los trabajos de preparación...”:
Francisco Largo Caballero. Notas históricas de la guerra en España. Madrid,
1985, p. 84. (p. 16).
4ª.
Órgano de la Ejecutiva del Partido Socialista, diario El Socialista 9 de febrero de
1934, p. 3: “La revolución es inevitable.
La
fuerza moral y la fuerza numérica están de acuerdo con la actitud socialista:
adueñarse del Poder. ¿Cómo ha de hacerse esto? ¿Cómo va a ser ese movimiento
inevitable? ¿Cruento o incruento? ¿Sin resistencia del enemigo o teniendo que
recurrir a todo? Eso ya no preocupa ni a quienes hasta ayer eran más inclinados
a la templanza.
Sea
como sea, la revolución será”. (pp. 17,
18).
5ª.
En febrero de 1934 quedó formado el Comité Nacional Revolucionario que estaba
integrado por el Partido Socialista, la Unión General de Trabajadores y las
Juventudes Socialistas, representados por Francisco Largo Caballero, Juan
Simeón Vidarte, Enrique de Francisco, Pascual Tomás, José Díaz Alor, Carlos
Hernández Zancajo, Santiago Carrillo Solares e Indalencio Prieto Tuero, que se
incorporaría poco después.
El
Comité Nacional Revolucionario remitió la Instrucciones bajo contraseña a los
61 Comités revolucionarios provinciales, y en abril responden informando de la
organización: militantes comprometidos más de 24.000, armas que disponen,
fondos para la compra de armamento, etc.,.: Francisco Largo Caballero. Notas
históricas de la guerra en España, pp. 85 a 156. (pp. 20, 21).
6ª.
El Socialista, 21 de abril de 1934, portada. Mensaje de Francisco Largo
Caballero a los jóvenes socialistas: “En España van a ocurrir hechos de tal
naturaleza, que es preciso que la clase trabajadora haga más manifestaciones
que justifiquen su actuación en el porvenir.
Aprovechando
la circunstancia de estar representados aquí los delegados de las Juventudes
Socialistas para decir que yo, que mantengo el criterio que hay que apoderarse
del Poder político revolucionariamente, y que es tonto hacerse la ilusión de
que vamos a poder adueñarnos de él de otra forma, tengo que manifestar que la
revolución no se hace con gritos de viva el Socialismo, viva el comunismo y
viva el anarquismo. Se hace violentamente, luchando en la calle con el enemigo.
Hay
que crear un ejército revolucionario (...). Y es preciso organizarlo
militarmente.
Yo
no tengo escrúpulos de decir ante vosotros que hay que organizar nuestro
ejército (...) vamos a la conquista del Poder como sea. ¡Camaradas! Organizad
la lucha final. La batalla será cruel y larga”. (pp. 18, 19).
7ª.
El Socialista, 1 de agosto de 1934,
portada: “Contra el régimen de terror blanco como el actual no sirven
protestas platónicas. Por ello, el Comité nacional de la Unión General de
Trabajadores de España se limita a declarar estar dispuesto a procurar que la
clase trabajadora organizada que representa realice el supremo esfuerzo para
dar término con el régimen de excepción que vive la clase obrera, y recomienda
a ésta la más estrecha unión para fines concretos y definitivos”. (p. 19).
8ª.
El Socialista, 25 de septiembre de 1934,
portada: “Renuncie todo el mundo a la revolución pacífica, que es una
utopía. Bendita la guerra contra los causantes de la ruina de España”. (p. 20).
9ª.
El Socialista, 27 de septiembre de 1934,
portada: “La consigna de hoy.
Organización
de todos los frentes.
Las
nubes van cargadas camino de octubre. Repetimos lo que dijimos hace unos meses:
¡atención al disco rojo! El mes próximo puede ser nuestro octubre. Tomar toda
suerte de medidas, atar cabos sueltos, laborar para la causa son labores
urgentes en estos momentos. El ejército obrero de las ciudades y los campos ha
de considerarse movilizado, de manera que ante la ocasión de peligro cada cual
conozca su puesto y su misión y lo ocupe y la desarrolle sin titubeos ni dudas.
Nos
aguardan días de prueba, jornadas duras.
El
trance histórico que se avecina nos convertirá en eje de las circunstancias. La
responsabilidad del proletariado español y sus cabezas directoras es enorme”. (p. 20).
10ª.
A las doce de la madrugada del día 4 de octubre de 1934, Francisco Largo
Caballero da la orden de lanzar la Guerra. Síntesis y composición literal de
las Instrucciones del Comité Nacional Revolucionario elaboradas en febrero de
1934:
“Cada
pueblo tiene que hacerse a la idea de que tiene que ser un firme sostén de la
insurrección. El triunfo del movimiento descansará en la extensión que alcance
y en la violencia con que se produzca, más el tesón con que se defienda. En
esta acción nos lo jugamos todo y debemos hallarnos dispuestos a vencer o
morir. Una vez empezada la insurrección no es posible retroceder.
Cuando
una ciudad caiga en manos de los revolucionarios, nada debe justificar su
abandono. Aunque la lucha se prolongue no debe desmayarse. Cada día que pase
aumentará el número de rebeldes. En cambio la moral del enemigo irá decayendo.
Nadie espere triunfar en un día en un movimiento que tiene todos los caracteres
de una guerra civil.
Los
grupos de acción han de convertirse en guerrillas dispuestas a desarrollar la
máxima potencia. Haciendo una buena distribución deberá hacer una guerra de
guerrillas. Nunca deben presentar grandes masas a la fuerza pública, procurando
así que toda sea distribuida y hostilizándola sin cesar hasta rendirla por agotamiento.
Atacar siempre desde lugares seguros.
Precisa
conocer la fuerza pública que exista en cada localidad. Militares, Guardia
Civil, Asalto, Seguridad. Armamento que disponen. Condiciones defensivas de sus
cuarteles. Conocer los depósitos de armas, dinamita, y medios de apoderarse de
ellos. Apoderarse de los establecimientos donde se vendan armas, municiones y
explosivos, Las casas cuarteles de la Guardia Civil deben incendiarse si
previamente no se entregan. Imposibilitar que los jefes de las fuerzas puedan
incorporarse a sus puestos, deteniéndoles a la salida de sus domicilios y
atacándoles si se resisten. Utilizar uniformes del ejército, para dar la
impresión de insubordinación militar.
Levantar
barricadas que oculten aparatos explosivos. Volar puentes. Cortar carreteras y
líneas de ferrocarril. Donde haya estación emisora de radio, si no puede
incautarse, incendiarla o volarla.
El
movimiento debe afectar a todos los servicios, principalmente a los de vital
importancia (alimentación, transportes, agua, gas, etc.,.), y los grupos de
acción cuidarán de anular a los que se presten a evitarlo.
Asaltar
centros oficiales y políticos, incautarse de ficheros y archivos. Los Bancos y
Archivos se vigilarán estrechamente.
Rápidamente
apoderarse de las autoridades y personas de más importancia y guardarlas en
rehenes. Nombres y domicilio de las personas que más se han significado como
enemigos de nuestra causa o que puedan ser más temibles como elemento
contrarrevolucionario. Estas personas deben ser tomadas en rehenes al
producirse el movimiento, o suprimidas si se resisten.
Toda
la energía y todos los medios serán pocos para asegurarse el triunfo.
Triunfante el movimiento revolucionario, lo primero que debe asegurarse es el
dominio absoluto de la población, perfeccionando las milicias armadas, ocupando
los sitios estratégicos, desarmando totalmente a las fuerzas contrarias y
ocupando los edificios públicos.
Se
prohíbe sacar copias de estas instrucciones. Quemad estas instrucciones tan
pronto os hayáis enterado”: Francisco Largo Caballero. Notas históricas de la
guerra en España, pp. 92 a 102. (pp. 22 a 24).
11ª.
Días después el Gobierno de la República “declara el Estado de Guerra”:
“PRESIDENCIA
DEL CONSEJO DE MINISTROS
DECRETO
De
acuerdo con el Consejo de Ministros y a propuesta de su Presidente,
Vengo
en decretar lo siguiente:
Artículo
1º. Con arreglo a lo prevenido por el artículo 52 de la Ley de 28 de Julio de
1933, se declara el Estado de Guerra en todo el territorio de la República
Española.
Gaceta de Madrid: Diario
Oficial de la República. Núm. 280. 7 Octubre 1934, p. 194”.
(El
23 de enero de 1939 el jefe del Frente Popular, el socialista Juan Negrín López
decretó: “Se declara el estado de guerra en todo el territorio de la
República”. Gaceta de la República.
Diario Oficial. Barcelona, 23 enero 1939. Núm. 23, portada.
Semejante
declaración más que un hecho histórico es una abyecta burla).
12ª.
Testimonio del arzobispo de Tarragona, el cardenal Francisco Vidal i Barraquer:
“El
Llorá, 8 de Octubre de 1934.
A
Su Eminencia Reverendísima el Señor Cardenal Eugenio Pacelli, Secretario de
Estado de Su Santidad. Buenos Aires.
El
alzamiento armado ha sido realmente formidable en toda España, con especial
intensidad en Asturias, Galicia y Cataluña, sin que se haya librado la propia
capital de la República. No es dable en este momento tener exacta visión de los
estragos producidos; puédese, sin embargo, apreciar el gran volumen y extensión
de las organizaciones en armas, que de muchos meses veníanse preparando para el
momento propicio en que pudieran apoderarse del poder a fin de restablecer el
más extremo radicalismo político-social-antirreligioso, y aun la dictadura del
proletariado.
El
movimiento revolucionario extendido a toda España tiene características bien
definidas por su origen y por sus objetivos. Procede de todos los grupos
izquierdistas que monopolizaron el poder durante el bienio nefasto y desviaron
la República con una legislación sectaria y antisocial. Ensoberbecidos por su
hegemonía durante las Cortes Constituyentes, no supieron resignarse al
resultado adverso de las elecciones de Noviembre, que les echó del poder y
expresó la voluntad nacional de rectificar sus tendencias y conductas adversas
a la justicia y a la libre convivencia y amparo de todos los ciudadanos. Desde
entonces han conspirado contra la más alta magistratura de la Nación y el
Parlamento actual, y se han propuesto conquistar por la violencia el puesto que
los partidos de centro y de derecha han alcanzado legítimamente por las vías
legales. Tan tenaz y encendida ha sido su voluntad subversiva, que en el orden
político no vacilan en sacrificar el propio régimen, cuya instauración por
medios democráticos proclamaban como su mejor gloria, y en el orden social no
han desdeñado la participación de los comunistas, aunque fuera llegando a la
dictadura del proletariado. El estallido, pues, ha sido formidable e
intensísimo, y todos los medios han sido utilizados para triunfar del Gobierno
legítimo e impedir la incorporación de la derecha al poder”: Miguel Batllori. Arxiu Vidal i Barraquer.
Església i Estat durant la segona República Espanyola. 1931/1936. IV 10 d’
octubre de 1933. Barcelona, 1986, pp. 559 a 563.
13ª.
A principios de 1935 escriben y editan un folleto clandestino el presidente de
las Juventudes Socialistas, Carlos Hernández Zancajo y el secretario Santiago
Carrillo Solares, confesando: “No eran escaramuzas contra el frente armado del
Estado. Era una batalla a fondo, en toda línea. Se trataba de un combate
general dirigido por las Alianzas Obreras en cada provincia. Fuerzas de choque
delante, y detrás el empuje armado de la organización. La unanimidad del
proletariado para esta batalla tenía aterrada a las fuerzas mercenarias del
Estado. Que en Valencia patrullasen las fuerzas de Seguridad por las calles con
más miedo que vergüenza; el paseo militar de los mineros de la Arboleda hasta
Bilbao; la concentración de la Guardia civil de los pueblos, en repliegue hasta
las capitales de provincias; el miedo del Gobierno a declarar el estado de
guerra hasta dos días después de la insurrección, y la furia represiva
declarada a última hora, no son otra cosa que la exacerbación del pánico
elevado a su última potencia. No se trataba de una conspiración de tipo
blanquista. Se trataba solamente de un acto de presencia del proletariado, que,
con las armas en la mano, desalojaría del Poder a un régimen tambaleante,
convencido de su propia caducidad.
La
experiencia ha demostrado muy ampliamente que si en octubre hubieran
intervenido todas las fuerzas malgastadas inútilmente durante las diversas
batallas de 1934, hubieran sobrado energías para levantar de un lado a otro de
España la roja bandera del socialismo.
Las
AA. OO. han dado su resultado donde se les ha sabido usar. Quiere decir que si
en todas partes se hubiese hecho el mismo uso que en Asturias, otro hubiese
sido el resultado del octubre rojo español”:
Carlos Hernández Zancajo y Santiago Carrillo. Octubre. Segunda etapa. Madrid,
1935, pp. 102 a 104. (pp. 25, 26).
14ª.
Declaración de Francisco Largo Caballero ante el juez, el 15 de octubre de
1934: “Al día siguiente de ingresar Largo Caballero en la cárcel de Madrid, el
juez militar, acompañado del fiscal, le sometió a un interrogatorio. ¿Es usted
el Jefe del movimiento? Contesto negativamente. Así cumplía el acuerdo adoptado
en la reunión conjunta de las dos ejecutivas; además, dijo la verdad, pues él
no tenía derecho a arrogarse el título de Jefe del movimiento, pues que nadie
le había designado para tal cargo, y además, así libraba al Partido Socialista y
a la Unión General de Trabajadores de España de la responsabilidad que no
quisieron contraer en interés de la clase trabajadora. No hay que olvidar que
Largo Caballero era el presidente del Partido y el secretario de UGT, y si se
declaraba, por un rasgo de romanticismo, Jefe, nadie podría creer que dichas
organizaciones hubieran quedado al margen, y de ahí se habría derivado las
graves consecuencias naturales. La segunda pregunta fue: ¿Pero usted no conocía
la organización del movimiento? La contestación también fue negativa. Si
hubiera dicho que sí, tendría que haber expuesto detalles de la organización;
pero como esto no lo habría de hacer por nada ni por nadie, contestar
afirmativamente hubiera sido estúpido. Otra pregunta: ¿Cómo cree usted que se
ha producido el movimiento? Espontáneamente, contesto, como protesta contra la
política que se sigue en la República. ¿Y las armas, cómo se han obtenido? Sin
duda, serán las que no se usaron en la revolución de diciembre del año 30 para
la proclamación de la República. ¿Está usted conforme con el movimiento? No me
considero obligado a contestar esa pregunta, dijo Largo Caballero; yo respondo
de mis actos, pero no admito que se quieran juzgar mis pensamientos. Así, poco
más o menos, se verificaron todas las declaraciones. Le quedó tranquilidad de
conciencia porque de ninguna indiscreción suya se ha podido molestar a ninguna
persona. Además, se puede afirmar que en ningún caso le interrogaron sobre
algún detalle concreto de la organización del movimiento, lo cual prueba
claramente que no descubrieron ninguno; se puede asegurar que, dentro de lo
posible, la organización se hizo con las mayores garantías del secreto.
Le
defendió el jurista compañero Jiménez de Asúa; Largo Caballero se limitó a
cumplir las instrucciones de su abogado defensor y salió absuelto. ¿Para qué?
¿Para marcharse a su casa a descansar? No; para continuar luchando...”: Francisco Largo Caballero. Notas de la
guerra en España, pp. 225, 226. (p. 103).
15ª.
Entre los días 5 al 13 de octubre de 1934 fueron asesinados: 12 sacerdotes, 11
religiosos, 7 seminaristas, 5 religiosos sacerdotes y 2 novicios.
Sacerdotes
asesinados:
Manuel
Muñiz Lobato. Tomás Suero Covelles. Venancio Prada Morán. José María Morta
Soler. Constancio Villalba Díez. Graciniano González Blanco. Juan Puertas
Ramón. Aurelio Gago Fariñas. Joaquín del Valle y Villa. Lucio Fernández
Martínez. Román Cossio Gómez. Francisco Sanz Baztan.
Religiosos
asesinados:
Bernardo
Fábregas Julia. Juan Bautista Arconada Pérez. Hector Valdivielso Sáez. Manuel
Seco Gutiérrez. Ramón Martínez Fernández. Vicente Alonso Andrés. José Sanz
Tejedor. Vilfrido Fernández Zapico. Filomeno López López. Claudio Bernabé Cano.
Salustiano González Crespo.
Seminaristas
asesinados:
Jesús
Prieto López. Mariano Suárez Fernández. Ángel Cuartas Cristóbal. Gonzalo Zurro
Fanjul. José María Fernández Martínez. Juan José Castañón Fernández. Y el
desaparecido José Menéndez Menéndez.
Religiosos
sacerdotes asesinados:
Vicente
Pastor Vicente. Emilio Martínez Martínez. Manuel Canoura Arnau. Eufrasio
Barredo Arnau. Tomás Pallarés Ibáñez.
Novicios
asesinados:
Baudilio
Alonso Tejero y Amadeo Andrés Celada: Antonio
Montero Moreno. Historia de la persecución religiosa en España 1936-1939.
Madrid, 1961, pp. 41 a 52 y 769 a 883.
Según
el Gobierno de la República: “Edificios destruidos o deteriorados por voladura
o incendio: 58 iglesias.
Albacete
1, Alicante 4, Almería 2, Barcelona 4, Cádiz 1, Ciudad Real 2, Córdoba 1,
Coruña 3, Huelva 1, Huesca 1, León 4, Lérida 2, Logroño 1, Pamplona 1, Asturias
17, Pontevedra 1, Salamanca 2, Santander 5, Tarragona 1, Valladolid 3, Zamora
1”: EN SERVICIO A LA REPÚBLICA. La
revolución de octubre en España. LA REBELIÓN DEL GOBIERNO DE LA GENERALIDAD.
Madrid, 1935, pp. 65, 68.
"La República -se decía- ha asesinado a los
sacerdotes, ha violado a las monjas. Usted sabe perfectamente que todo eso es
absolutamente falso": Francisco Largo Caballero. Mis recuerdos.
México, 1976, p. 158.
Informe para Stalin con fecha 10 de marzo de 1937 elaborado por el
coronel de tanques el soviético Semyon Moiseevich Krivoshein:
"Hay regiones enteras en las que todos los curas han sido eliminados": Ronald Radosh, Mary R. Habeck y Grigory Sevostianov. España
traicionada. Stalin y la guerra civil. Barcelona, 2002 , p. 194.
En
la obra de obligada referencia de Antonio
Montero Moreno citada anteriormente, el total del genocidio religioso desde
octubre de 1934 hasta abril de 1939, y “a la espera de que estudios posteriores
y más aquilatados puedan variar –creemos que ligeramente- la estadística de las
personas consagradas a Dios, sacrificadas en la persecución religiosa, damos
hoy por hoy como más exacta esta promoción: clero secular, incluidos
seminaristas, 4.184, religiosos 2.365, religiosas 283. Total 6.832”: Historia de la persecución religiosa en
España 1936-1939, p. 762.
En
un posterior trabajo de Vicente Cárcel
Ortí el total del genocidio religioso se puede situar en unos 6.963
asesinados, cifra más próxima a la realidad del hecho pero no definitiva: “Tras
estos añadidos podemos concluir que las víctimas eclesiásticas se aproximan a
las 7.000”: La persecución religiosa en
España durante la segunda República (1931-1939). Madrid, 1990, p. 242.
Y
no sólo eso, sino que todavía falta por añadir, los incipientes trabajos sobre
un total de unos 3.000 mártires seglares asesinados por mantener su fe católica.
(pp. 120, 121).
Ángel
Manuel González Fernández, abril de 2007.
Adición:
El
tema fue publicado respetando título y texto en Milenio Azul en mayo de 2007,
por lo que doy las gracias a su Redacción y muy especialmente a su Director,
Manuel Paz Fuentes.
El
tema fue publicado íntegramente excepto el añadido del 1 de febrero de 2012,
donde se edita una parte del Auto de Baltasar Garzón Real de fecha 16 de
octubre de 2008, que donde debería decir 4 de octubre de 1934 dice 18 de julio
de 1936.
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